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30.8.07

Los cuentos del verano

Estos días me han prestado unos libros.
Tres novelas como cuentos.
Los dos primeros son duros.
Tienen esa cicatriz medio fea y pseudo cerrada que dejan ciertas infancias.
El tercero es distinto, es un cuento de viajes, de descubrimientos, de amor.
* El niño con el pijama de rayas de John Boyne
* Claus y Lucas de Agota Kristof
* Seda de Alessandro Baricco.

10.4.07

Literatura superamericana


Margarita, la señora que limpia en mi casa, me explicaba con su lógica malaguita, que últimamente venían a trabajar a Málaga muchas extranjeras. Ella observa en sus compañeras de autobús exóticos rasgos faciales y me cuenta que la mayoría de ellas son extranjeras, pero no son extranjeras del todo porque hablan como nosotros: son superamericanas, me dice.

Yo estos últimos días he terminado de leer dos libros de aquella amplia zona pseudo extranjera: La Virgen de los Sicarios de Fernando Vallejo y Plata Quemada de Ricardo Piglia. El primero es cruel y falto de prejuicios, el segundo es hondo y lleno de historias que se intrincan.

Ayer empecé Trilogía sucia de La Habana de Pedro Juan Gutiérrez. Un libro excelente que me encandiló desde la segunda página. Viene completo de hambre, de tristeza y mojado de efluvios. O sea, que es altamente recomendable...

27.8.06

Biblioteca No.3

Estoy leyendo La Catedral del Mar y me recuerda demasiado a Los Pilares de la Tierra

10.8.06

Biblioteca No.2


Qué difícil es pasar por la puerta de la libreria Luces y no comprar nada. Mis tres últimas adquisiciones han sido:

* El padre de un asesino. Autor: Alfred Andersch. Se observa al rector Himmler, desde el pupitre de uno de sus alumnos. A medida que el libro avanza, se explica uno la infancia del que luego fue responsable del genocidio judío.

Una historia rápida que te deja un regusto amargo. Supongo que me acordaré de este libro cuando mis futuros hijitos vayan al colegio.

* Una historia de amor y oscuridad. Autor: Amos Oz. El escritor judío, narra la historia de su familia durante la segunda guerra mundial y la posterior edificación del Estado de Israel.

Lo empiezo esta noche, así que todavía no os puedo contar que tal está.

* Lunar Park. Autor: Bret Easton Ellis. Despúes de American Psycho, Ellis no volvió a ser el mismo. En este libro, destripa su propia biografia y la enriquece con un Avecrem de sucesos extraños y coincidencias inquietantes.

A mi me gusta, pero en este último libro da la sensación de que el escritor se está cansando de si mismo. Pronostico que el próximo libro será muy diferente. Sino es así, que me borre de su lista de admiradoras. Y yo lo apunto a él en mi lista de encasillados, junto a Lucía Etxebarría (que lleva publicando el mismo libro con distinto nombre desde que reinaba Carolus)

2.8.06

Biblioteca No.1


* El monje que vendió su Ferrari. Me regalaron este libro de autoayuda (¿tanto se me nota que la necesito?) y lo empecé, lo empecé, lo empecé... Creo que nunca lo terminaré. En cien páginas sólo me ha llamado la atención lo siguiente: "Una persona tiene unos 60.000 pensamientos diarios, el 90% de ellos son los mismos que el día anterior".

* Travesuras de la niña mala. El último libro de Vargas Llosa encandila desde el principio. La niña mala me recuerda a servidora hace un año. El niño bueno me recuerda al lindo gasteiztarra que me cuidó siempre, a pesar de que yo le lanzaba improperios y le daba bofetadas cada día. Después de todo, no hay historias originales.

29.6.06

Huelin Blues


Haruki Murakami me tiene literariamente enamorada. Disfruto muchísimo con sus libros, espero ansiosa la hora de acostarme para ponerme las gafas (si queridos amigos, la decadencia de los veintiocho ha llegado, no me digais nada) y me cuesta cerrar el tocho de turno.

Yo quiero escribir como él, pero a lo ibérico, con historias de aqui de Málaga... un Huelin Blues, digamos. Mientras lo intento, me conformo con releer: Norwegian Wood, Al sur de la frontera, al oeste del Sol y descubriendo algunos nuevos como La caza del carnero salvaje o Sputnik, mi amor.

***Altamente recomendable***

Por cierto, gracias a The Boy with the Cold Name que me insinúo Tokio Blues en una de nuestras entrañables (odio la palabra: entrañable) conversaciones.