
La señora
Luciana hace muchos años que no celebra la navidad. Ya no tiene motivos alegres para hacerlo. Todo le parece ridículo, las calles siempre abarrotadas de gente con regalos, el rodaballo mucho más caro, las noticias imbéciles en el telediario, la lotería que nunca le toca y las cestas de navidad que nunca recibe. Incluso el espumillón ha dejado de gustarle desde que hace tres años su pequeño gato
Flequi se enrolló en uno y se quedó colgado boca abajo para siempre.
Sin embargo, cada año desea que llegue la nochebuena para llamar por teléfono a su prima
Paqui y
contarle los maravillosos alfajores, polvores, tortas imperiales, marquesitas, turrones y roscos de vino que esta metiéndose entre pecho y espalda.
- "Cada navidad me haces lo mismo, Luciana" - dice Paqui, mientras se pincha su dosis de insulina en el muslo...