Estos días me han prestado unos libros.Tres novelas como cuentos.
Los dos primeros son duros.
Tienen esa cicatriz medio fea y pseudo cerrada que dejan ciertas infancias.
El tercero es distinto, es un cuento de viajes, de descubrimientos, de amor.
Estos días me han prestado unos libros.



Hace muchísimo calor. Casi no hay escapatoria.
El 4 de julio, estuve en el Club Soda de Móntreal. La sala es perfecta, pequeña, mal iluminada, con mesitas para tomarte una copa mientras escuchas un concierto.
Hay alguien en mi vida, que me ha acompañado siempre. Está lejos y estuvimos un tiempo perdidos, pero aún así conseguía hacerme ecos desde la distancia.


cuando estoy ansiosa o triste o melancólica o perdida hay ciertas cosas que siempre logran calmarme:
La otra noche, desde aquel balcón, Málaga me pareció diferente. Quizás porque la vi por fin sin rencor, quizás porque empiezo a convencerme de que vivir aqui no debe ser tan malo, quizás porque la visión de la otra persona eclipsó la mía, quizás porque estoy cansada de estar enfadada hasta con la ciudad en la que vivo.


últimamente me reencuentro con amigos perdidos... pequeños seres que en otra de mis vidas fueron mis íntimos y habían emigrado dejandóme sola.
aparecen de nuevo, arremolinándose frente a mi ventana, gritando mi nombre, para que les deje entrar como en los viejos tiempos.
en esos tiempos que hablo, las personas entraban por esta ventana facilmente, no tenían que hacer nada especial, no tenían que divertirme ni portarse bien conmigo, no tenían que venir a sufrir con mis penas, pero si venían a escupir las suyas. así que un día me cansé, con ese cansacio tan mío que viene de golpe y lo barre todo, que no deja espacio ya para una vuelta atrás. y me quedé así, como una piedra fría y cubierta de musgo.
ahora me he acostumbrado a vivir sin amigos, a contarme las cosas a mi misma, a celebrar los triunfos con una cerveza, a soltar los enfados caminando muy muy rápido y me sabe bien. Ya no echo de menos a nadie