La vida es triste a ratos.
Por más que luche contra esa tristeza, acaba por envolverme.
Y tengo que inventarme nuevas cosas que hacer: liar cigarrillos, cocinar comida tailandesa, bailar con Nicolás la música de Duke Ellington y darme baños larguísimos hasta que las burbujas de jabón acaban por desaparecer.
Mi nueva vida es tranquila. Pero el cuerpo me pide a gritos, volver a pasearme por Buenos Aires.
1 comentarios:
bonitos textos:) te sigo, pasate por aqui si quieres!
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